No a la impunidad

Manifestantes en contra de la impunidad y los crímenes políticos en las inmediaciones de la casa natal de Simón Bolívar, Caracas / Fotografía: Allan Barboza-Leitón.

Un fenómeno del que poco se habla en corrillos internacionales, que no llena titulares ni portadas de la prensa del mundo, es el del sicariato político en Venezuela. La razón fundamental es evidente: las víctimas han sido chavistas y el dedo en el gatillo nos lleva siempre, o casi siempre, a perpetradores anónimos o criminales comunes. A través del sicariato la derecha fortalece el discurso de la marginalidad del sector oficialista: malandros marginales en el poder que mueren a manos de malandros marginales por cosas de marginales y malandros, al tiempo que infunde miedo y pretende diezmar o desmoralizar a las fuerzas chavistas. Hacia afuera del país el silencio es desgarrador y cómplice. A tan solo unos cuantos meses de haber escrito una pequeña crónica en memoria del militante chavista de origen haitiano Fritz Saint-Louis, me siento obligado a volver sobre el tema.

El terrible listado sigue sumando mártires: al momento de hacer esta publicación han sido asesinados numerosos policías, militares, guardias nacionales, dirigentes sociales y militantes de base de las organizaciones chavistas. Uno de los casos más sonados, acontecidos recientemente, ha sido el del Mayor General Félix Antonio Velásquez, primer comandante de la milicia y reserva militar creadas por el Comandante Hugo Chávez, quien era el coordinador del Capítulo Militares del Congreso de la Patria al momento de ser asesinado.

Sucedió la mañana de un sábado cualquiera, de fecha 28 de mayo, cuando el militar transitaba en su vehículo por una urbanización del centro de Caracas. Dos policías motorizados le dieron alcance y cabría suponer que debido a eso Velásquez no pudo defenderse: Alberto García Salazar y Yaemil Jesús Brito, funcionarios de la Policía Municipal de Chacao, le dispararon a corta distancia. La muerte llegó como acostumbra: sorpresivamente, en la presentación menos imaginada, y no hubo manera de responder al ataque. Mientras que los sicarios lo despojaban de su arma de reglamento tuvieron tiempo para mirar a los ojos de la pequeña, que con sus apenas 5 años fue sometida al trauma de sobrevivir al atentado. Ahí, sentadita al lado de su abuelo, sin comprender pero horrorizada. Se puede decir que esa mañana hubo dos muertos al interior de ese vehículo: Velásquez y la infancia de su nieta.

No ha sido, como he dicho, ni el último ni el único caso. Hace pocos días, el 29 de julio de 2016, se produjo el intento de asesinato de Mauricio Bernal, hijo de una reconocida figura chavista, Fredy Bernal. Fredy es actualmente el coordinador general de los Comités Locales de Alimentación y Producción, una importante iniciativa gubernamental para combatir la guerra económica.

Mauricio se encontraba en la puerta de su casa de habitación, en pantaloneta y en sandalias, esperando una encomienda que su padre había mandado con un mensajero. Por disciplina y malicia Mauricio cargaba un arma en la cintura. Súbito, el sonido de una moto se sobrepone a los sonidos de la noche, una pareja de motorizados se aproxima, ella va de parrillera y el conduce. Bajan la velocidad, voltean, Mauricio se pone alerta, se cruzan las miradas, compasiva o despectiva la de los sicarios, de espanto la de quien ve a la muerte aparecerse. Maestros en el arte de matar por encargo, la pareja conoce y al mismo tiempo ignora los caprichos de la muerte, su afición por la sorpresa, su falta de lealtad y la manía de presentarse de la manera menos imaginada. Le disparan a Mauricio desde corta distancia, suponemos que fue ella pero pudo ser él, y alcanzan a impactarlo una vez en el pecho, le ven caer, le ven sacar un arma… ¡coñoelamadre! Ven chispazos de fuego, sienten los piquetes de las balas que les golpean como si dieran en otro cuerpo, pierden el control de la motocicleta, caen y mueren mirando al cielo de aquella noche.

Dos días después, y con el mismo modus operandi, fue asesinado el Teniente Coronel del Ejército Mariano Tomás Mosquera Ugarte, quien trabajaba como juez militar en el Ministerio de la Defensa y como consultor jurídico del Viceministerio de Educación Universitaria. Fue asesinado frente a su casa, no hubo palabras, quizá miradas. Mariano bajaba alimentos de su vehículo, venía a dejarle la comedera a la familia. Sus asesinos siguen en fuga.

En el caso de Mauricio Bernal, quien milagrosamente sobrevivió tras una complicada cirugía, los atacantes fueron Jhon José Reyes, con antecedentes por otros hechos  delictivos, y una mujer que no ha podido ser identificada.

Tras la intervención de Polichacao se comprobó la existencia de una organización dedicada al sicariato político dentro de la alcaldía y que tenía estrechos vínculos con bandas de criminales. Se encontró el arma de reglamento de Félix Antonio Velásquez así como el arma con el que le asesinaron. También apareció la pistola con que fue asesinado meses atrás el periodista y jefe de prensa del Gobierno del Distrito Capital, Ricardo Durán.

La alcaldía de Chacao está en manos opositoras y su alcalde, Ramón Muchacho, es un cercano colaborador de Henrique Capriles Radonski. Ambos militan en el Partido opositor Primero Justicia.

Allan Barboza-Leitón
Costa Rica – Agosto de 2016

 

 

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