Una niña canta rodeada por los súper héroes de Caracas en un viejo tanque fuera de uso.

Futuro. Una niña canta rodeada por los súper héroes de Caracas en un viejo tanque fuera de uso. Fotografía: Allan Barboza-Leitón.

“La nación a los precursores de la independencia”, dicen las grandes letras al pie del monumento del jinete desnudo. Alrededor del obelisco se arremolinan los súper héroes y personajes famosos, de todas las edades, y se van congregando las familias. Padres, madres y abuelos de faraonas, princesas, conejos, abejas y abejorros.

La Venezuela del Paseo de los Próceres del día martes de carnaval de 2016 me sonríe cientos de veces, con una mirada pícara y surrealista. Las imágenes que capturo están muy alejadas de la idea de un  territorio desolado por la hambruna, de planicies devastadas y legiones de harapientos arrastrando sus cadenas por las calles, cual si fueran zombies de serie televisiva. Algo así es Venezuela según cuentan los medios de mi país, pero esa visión no concuerda con la que se tongonea con sus disfraces ante mi asombro. No, no son zombies, son el hombre araña, batman y un transformer saliendo de un tanque abandonado, y una niña cantándole a saber a cuál audiencia, y un negrito a punto de gritar: ¡tierra a la vista! Es Chávez con un año de edad y Bolívar pintando bajo la atenta mirada de su madre.

Me doy cuenta de que estoy profundamente conmovido. A mí nadie me había dicho, ni siquiera imaginaba algo tan bello. Además en Costa Rica no tenemos una celebración equiparable. Me abro paso entre la gente, hago fotos con discreción y siento en cada contacto visual una caricia. Estoy rodeado de gente amable y hace una tarde de luz privilegiada. Embobado estoy cuando aparece ella, Thairy, con su corona. Sale de atrás, a mi derecha, y me saluda. Al responder terminé escupiendo papel picado. Apenas alcanzo a decirle que me vengaré tomándole una foto. Desde el refugio seguro de su abuela y su padre me mira, carcajeándose con todo el rostro y en silencio, quizá asustada al ver que me aproximo: ¿me permiten hacerle una foto en venganza a la pequeña? Les digo. No, me dice la señora. Pues no, y me alejo cortésmente.

Johann, Katherinne y Thairy aceptaron finalmente posar para una foto.

Papel picado. Johann, Katherinne y Thairy aceptaron finalmente posar para una foto. Fotografía: Allan Barboza-Leitón.

Cruzo la gran pileta en dirección a donde veo que toda la gente se dirige, al parecer allá hay un concierto de salsa al aire libre. Llego al otro lado y me detengo. De nuevo, ¡son tantas las imágenes! Hago fotos, sonrío, pido correos para poder enviar las fotos a sus dueños. En ese momento me habla un hombre, que se me aproxima por la izquierda: es Johann, el padre de Thairy, que se disculpa. Al parecer me han estado observando. Me explica que la negativa de hace algunos minutos fue porque creían que yo era un fotógrafo de los que cobran y que les estaba ofreciendo mis servicios. Le digo que no hay problema y me presenta a Katherinne, la abuela. Conversamos un poco y aprovecho para ofrecerles nuevamente la foto, esta vez aceptan alegremente. Alguna gente se me acerca y poco a poco se hace una cola de familias que quieren retratarse.

Cuando en mi casa dije que vendría a Venezuela en calidad de fotógrafo se encendieron todas las alarmas. Mi hermano, que vive en el extranjero, incluso me sentó virtualmente a conversar: las noticias dicen que es muy peligroso, hay amistades allá que dicen cosas muy malas, por favor tené cuidado. Hoy, meses más tarde, habiendo vivido una temporada en Venezuela, puedo decir que es cierto: hay problemas, hay inseguridad, hay dificultades, como también las hay en todos nuestros países. Hay también gente muy valiosa, lugares inolvidables, experiencias que merecen ser vividas y que fuera de Venezuela se deberían conocer.

Se gasta rápido la tarde a veces. Camino un poco más haciendo fotos: diablas, payasos, maromeros de fuego. Qué cosa rara para un costarricense eso del carnaval acá en Los Próceres, digo mientras me dirijo al metro, esquivando los ataques con papel picado de los súper héroes caraqueños.

Texto y fotografías:

Allan Barboza-Leitón
Caracas – Heredia, 2016.

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