Un día me liberé del metal y de la espuma, me cansé de comprar sostenes que no eran de mi talla y de sentirme incómoda. Tomé tijeras, aguja e hilo y uno por uno fui desarmándolos hasta dejarlos livianos y menos opresivos. Créanlo o no, no fue fácil. Son muchos los prejuicios, los estereotipos, la presión de la belleza hegemónica que pide cumplir estándares que algunas, como yo, nos atrevemos a desafiar. Mis pechos son hermosos y pequeños.

Gabriela

Ventanabierta Fotografía © Todos los derechos reservados

 

 

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