Para qué mentir: llegamos cuando ya habían cerrado el Parque Nacional y nos quedamos sin ver el volcán Irazú con Eva. Ese era, sin embargo, tan solo uno de los objetivos, quizá el pretexto. Queríamos ver la noche y sus estrellas, juntos, a 3432 mts de altura, con frío. La ruta fue muy hermosa y disfrutamos, verde, mucho verde, y tres voces, y música. Nos adentramos por los alrededores, estacionamos el auto, hicimos algunas fotografías y en la más absoluta soledad vimos anochecer. De las manos de Eva probamos la tortilla española y la dulzura, también los quesos suizos, los chocolates de su predilección y los abrazos. La noche del volcán, al regresar a la casa azul, cenamos pescado en salsa de coco y curry, tomamos vino, compartimos. Una luz, un fueguito, y alrededor tres miradas, tres gratitudes para con la cosmopista, ya saben, por sus intersecciones…

 

Ventanabierta Fotografía © Todos los derechos reservados

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