Este año, como todos los años ininterrumpidamente desde 1980, el pueblo sandinista de Nicaragua celebró la caída del dictador Somoza con una enorme dramatización de lo que fuera la entrada victoriosa de las tropas guerrilleras a la ciudad de Managua aquel 19 de Julio de 1979. Nosotros, que teníamos rato de andar con ganas de hacer un foto reportaje al respecto, decidimos incorporarnos a la altura de Monimbó, en Masaya. Ese pueblito, de heroica historia de resistencia indígena, fue uno de los primeros en insurreccionarse contra la dictadura y precisamente por eso, por lo simbólico de ese punto de partida, quisimos salir de ahí.

Nada más fue llegar, buscar uno de los buses que saldría para Managua y preguntarles si podíamos ir con ellos. “Ticos revolucionarios, qué raro eso…”, nos dijo Arlen Soza, quien era una de las encargadas de la organización y nos asumió más como revolucionarios que como reporteros. Y de inmediato accedió con una gran sonrisa en el rostro. Minutos más tarde íbamos rumbo a Managua, Gabriela dentro del bus y yo subido en el techo, rodeados por miles de personas movilizándose en caravana, teatralizando aquella algarabía de hace 38 años. En la locura nos acompañaron Américux y Magnolia, una pareja que conocimos en Ometepe y que de nuevo encontramos cuando ya los buses iban a salir, y que apenas desayunados se vinieron con nosotros.

Conversamos con excombatientes como Alberto, que vino con su nieto Luis Emanuel “a celebrar el día que triunfamos y el dictador se fue”. Alberto, que fue combatiente y hermano del comandante Máximo, perdió en total a 10 miembros de su familia a manos de la entonces temida Guardia Nacional de Somoza. Se destacó como jefe de escuadra desde el inicio de la insurrección y una de sus tareas fue la de “ajusticiar orejas” por todo Monimbó, “peleábamos casi sin municiones”, me dijo orgullosamente.

También conversamos con personas que no habían nacido cuando triunfó la revolución del 79, o que estaban muy pequeños en ese entonces. Hijos o nietos de los héroes y heroínas. Y en el caso personal, pude compartir con el chino y sus compañeros. Uno de ellos me regaló una muy buena foto: subido en el techo del autobús, sin camisa, militar de la cintura para abajo y con sus uñas pintadas de negro, me modela desafiante y rebelde, con la iglesia de San Miguel de fondo. Y el chino me regaló una bonita foto haciéndome la V de la victoria.

Ahora que me dispongo a publicar las fotos pienso precisamente en él. El chino nunca había mirado a través del visor de una cámara así que de camino, sobre el techo del bus, aproveché para mostrarle cómo es eso de tirar fotos. Pienso que quizá, de haber tenido oportunidades en su vida, sería un buen fotógrafo. La sensación, al realizar este trabajo, fue ambivalente.

En fin, durante el proceso de acompañar esta celebración, sin duda relevante para muchos nicaragüenses, logramos capturar algunas imágenes tan hermosas cuan importantes de documentar, y acá las compartimos. Esperamos que las disfruten.

Apóyanos dándole “seguir” a nuestro sitio web y no te pierdas nuestras próximas publicaciones.

Allan y Gabriela

Ventanabierta Fotografía © Todos los derechos reservados

 

 

 

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